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Antes de Dwayne Johnson, Favreau sorprendió con esta secuela de Jumanji que está en el top de más vistas en Netflix

En 2005, Jon Favreau dirigió una secuela inesperada que pocos recuerdan, y hoy brilla como hallazgo en Netflix. Zathura: A Space Adventure no solo comparte herencia con Jumanji, sino que lleva la misma premisa a un viaje intergaláctico. La película, protagonizada por dos hermanos atrapados en una odisea cósmica dentro de su propia casa, mezcla aventuras, humor y ciencia-ficción con una frescura que merece otro vistazo.

Un giro cósmico en una fórmula conocida

La historia comienza cuando Walter y su hermano Danny descubren un tablero de juego en su sótano. Lo curioso: el juego no invoca animales salvajes, sino que lanza la casa al espacio. El tono cambia de la jungla a lo infinito, con meteoros surcando las ventanas, robot defectuosos dando vueltas por los pasillos y criaturas alienígenas que convierten un hogar entero en nave en peligro.

Todo encaja en un universo que Favreau definió como “Jumanji en el espacio”, aunque el propio director evitó etiquetar a Zathura como parte oficial de aquella saga. De hecho, insistió en que es una historia independiente, aunque fue presentada en su momento como si fuese la continuación espiritual.

Netflix le da nueva vida

Aunque no fue un éxito en taquilla (recaudó apenas alrededor de 65 millones frente a su coste similar), Zathura ha encontrado una segunda oportunidad. Actualmente, aparece en el Top 10 de Netflix en varios países, convirtiéndose en una opción sorprendente para noches de cine familiar. Su mezcla de efectos visuales prácticos, aventura sencilla y humor sin pretensiones tiene un encanto que resuena en el streaming.

La película ha ido volviendo periódicamente al ranking de lo más visto, alimentada por recomendaciones como “pócima de nostalgia con chispa” o “la ciencia-ficción que disfrutas sin tecnología invasiva”. Es una muestra de que no siempre hacen falta grandes presupuestos para atrapar al público.

Talento antes del estrellato

Por aquel entonces, Favreau estaba experimentando tras el éxito de Elf. Admitió que Zathura fue una experiencia de aprendizaje, especialmente en efectos visuales y narrativa. Gracias a esta base sólida, pidió a un equipo que trabajó con recortes de animación, manipuladores de cámara y grabaciones en estudios oscuros para generar la atmósfera adecuada.

Una anécdota divertida cuenta que Favreau participó en un concurso de decoración de carrozas para promocionar la película, una acción orientada a enseñar al público que Zathura era más que un simple escape; era una aventura comunitaria. Eso solo demuestra que el director apostaba por conectar con el público de forma directa.

Qué la hace destacar hoy

El encanto principal está en no buscar más de lo necesario. Es sencilla y efectiva: se centra en dos protagonistas reales (personajes humanos con conflictos sencillos) y una aventura que obliga a cooperar, reír y asustarse. Nada de poluciones digitales que distraen, sino sensaciones bien originales.

El robot que aparece, interpretado por un actor con traje, añade calidez, y la química entre los hermanos funciona por sí sola. Entre las secuencias tensas de naufragio espacial y colores oscuros del sótano, la película incorpora canciones nostálgicas y cierto aire retro que la aleja de efectos excesivamente modernos.

Un rescate más que merecido

Hoy, cuando en Netflix te topas con Zathura, puede que te lleves una sorpresa. La película es mucho más que un entretenimiento familiar: es un salto inesperado al espacio cargado de ingenio, corazón y ganas de contar algo sin artificios digitales a granel.

Favreau demostró aquí que podía dirigir acción y efectos con coherencia emocional, y dejó una joya que suena tierna, divertida y, sobre todo, honesta. Si nunca la viste, merece un visionado; si la recuerdas, quizás redescubras esos momentos de infancia y aventura como si los tomaras por primera vez.